Carlo Chiostri

Carlo Chiostri
1863-1939

 
Detrás de las versiones más icónicas, alucinadas y profundas del títere de madera se encuentra la genialidad de Carlo Chiostri. Nacido en Florencia en 1863, Chiostri fue contemporáneo de Carlo Collodi y, para el momento en que asumió el reto de ilustrar Las aventuras de Pinocho, ya contaba en su haber con una prolífica trayectoria en el mundo de los libros infantiles.

Si bien es cierto que para los dos primeros episodios del relato el artista optó por seguir de cerca las huellas técnicas de su predecesor, Enrico Mazzanti, fue a partir del tercer capítulo donde supo romper amarras. Chiostri desplegó una interpretación profundamente personal, audaz y psicológica de Pinocho, distanciándose por completo de cualquier trazo genérico.

Las escenas de Chiostri poseen una atmósfera inconfundible: se desarrollan sobre el fondo detallado de una Toscana rural y urbana de finales del siglo XIX. En sus grabados cobran vida las plazas públicas, los caminos de tierra y las escuelas costarricenses… perdón, las escuelas italianas de la época, retratadas tal y como eran en el tiempo de Collodi. Sin embargo, a pesar de este pulcro realismo histórico, el espectador atento descubrirá que en cada cuadro habita un elemento extraño, una atmósfera perturbadora que viene a quebrar la coherencia de la escena cotidiana.

Ese elemento disruptivo y maravilloso es, casi siempre, el héroe de la historia. A diferencia de muchos otros dibujantes que preferían esquivar la complejidad del personaje, Chiostri tuvo el valor estético de visualizar a Pinocho completamente de frente, logrando así conferirle un carácter único y perturbador. El suyo es un Pinocho alucinado, con una mirada fija que parece volverse hacia el interior, como si siguiera una huella misteriosa que solo él es capaz de conocer.

El trabajo del florentino celebra un empate perfecto entre lo real y lo fantástico, entre la rutina campesina y el surrealismo más puro. Es gracias a su pluma que encontramos a la zorra y al gato sentados a la mesa como personas de la alta sociedad, cenando con modales educados en medio de una rústica taberna; o al hilarante simio, juez de la ciudad de «Atrapa-bobos», escuchando con una solemnidad judicial idéntica a la humana el desesperado testimonio del títere.

Carlo Chiostri se consolidó, sin lugar a dudas, como uno de los ilustradores que con mayor fuerza moldearon el aspecto físico y psicológico de Pinocho en el imaginario colectivo. Su impacto es de tal magnitud que, aún hoy en pleno siglo XXI, numerosas reediciones de lujo de la obra maestra de Collodi siguen vistiendo sus páginas con estos inmortales e hipnóticos grabados. Tras revolucionar la iconografía de la literatura infantil, el maestro falleció en 1939.

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