Capítulo 1 - EL CONEJO BLANCO


Alicia para niños

ERASE una vez una niña que se llamaba Alicia: y tuvo un sueño muy extraño.

¿Te gustaría saber de qué trataba su sueño?

Bien, lo primero que ocurrió fue esto. Apareció un Conejo Blanco corriendo, con mucha prisa; y precisamente al pasar junto a Alicia se paró y sacó su reloj del bolsillo.

¿Qué divertido, verdad? ¿Has visto tú alguna vez un conejo que tenga reloj y bolsillo para guardarlo? Naturalmente, si un conejo tiene reloj, necesita un bolsillo donde meterlo; no puede llevarlo en la boca, y las manos le hacen falta a veces para correr.

¿No te parece que tiene unos lindos ojos color de rosa? (Creo que todos los conejos blancos tienen los ojos color de rosa). Y orejas rosadas; y una bonita chaqueta marrón; y se puede ver la punta de su pañuelo rojo asomando por el bolsillo de la chaqueta: total, que con la corbata azul y el chaleco amarillo, la verdad es que forma un agradable conjunto.

«¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!», dijo el Conejo. «¡Llegaré demasiado tarde!» ¿A qué llegaría tarde? Pues te lo voy a decir: tenía que ir a visitar a la Duquesa (pronto la verás en un dibujo, sentada en su cocina).

La Duquesa era una señora muy gruñona: y el Conejo sabía que si le hacía esperar la encontraría de muy mal humor. Por esa razón el pobre estaba asustadísimo (¿no ves cómo tiembla? Mueve un poco el libro de un lado a otro y le verás temblar), porque pensaba que, como castigo, la Duquesa le mandaría decapitar. Eso es lo que solía hacer también la Reina de Corazones cuando se enfadaba con alguien (pronto verás un dibujo de ella); bueno, solía ordenar que les cortaran la cabeza y siempre creía que le obedecían, pero en realidad no lo hacían nunca.

Cuando el Conejo Blanco se alejó corriendo, Alicia quiso saber qué le ocurriría, y echó a correr tras él; y corrió y corrió, hasta que cayó en la madriguera.

Y entonces su caída fue prolongadísima. Bajaba, y bajaba, y bajaba, ¡y hasta empezó a pensar que iba a atravesar completamente la Tierra, y salir por el otro lado!

Era exactamente igual que un pozo muy profundo, sólo que no tenía agua.

Si realmente una persona sufriera una caída como esa, probablemente se mataría; pero ya sabes que en sueños las caídas no hacen daño, porque mientras estás soñando que te caes la realidad es que estás tumbada tan tranquila y dormida como un tronco.

Esta tremenda caída terminó por fin, y Alicia fue a parar sobre un montón de palos y hojas secas. Pero no se hizo nada de daño y, levantándose de un salto, corrió de nuevo tras el Conejo.

Y éste fue el comienzo del extraño sueño de Alicia. La próxima vez que veas un Conejo Blanco, procura pensar que tú también vas a tener un sueño curioso, igual que la simpática Alicia.

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