Cuentos de mi Tía Panchita

XVII – DE COMO TIO CONEJO SALIO DE UN APURO

Cuentos de mi Tía Panchita

Pues ahora verán: yo no estoy bien en qué fue lo que le hizo tío Conejo a tío Tigre, el caso es que lo dejó muy ardido y con unas grandes ganas de desquitarse y juró que lo que era ese gran trapalmejas no se iba a quedar riendo, y no y no.

El pobre tío Conejo como vió la cosa tan mal parada, se estorrentó por lo pronto de ese lugar, mientras al otro se le iba bajando la cólera. Tío Tigre llamó a varios amigos, y les dijo que cuáles querían ganarse un camaroncito ayudándole a buscar a tío conejo.

Tía Zorra que era muy campanera y muy amiga de quedar bien con los que veía que podía sacarles tajada, y que además le tenía tirria a tío Conejo por las que le había hecho, dijo que adió, que qué era ese cuento de camarón, que ella le ayudaría con mucho gusto sin ningún interes, y que por aquí y que por allá.

Tío Tigre no quería y le dijo: –No, no, Tía Zorra, cómo va a ser que a cuenta de ángeles somos vaya usté a maltratarse, a mí me da pena.

Entonces Tía Zorra le contestó que no se llamaba Tía Zorra si no daba con Tío Conejo.

Y no fue cuento, sino que desde ese día no paró en su casa, sino que dijo a correr por todo, y usté fisgonea por aquí y usté escucha por allá, y lo que le gustaba era pasar por la casa de Tío Tigre con la lengua de fuera haciendo que ya no echaba…

Por fin dió el tuerce que un día pilló a Tío Conejo metiéndose en una cueva, y tío Conejo no la vió.

Estuvo un buen rato a la mira a ver si salía, y como no, se acercó poquito a poco y puso la oreja a la entrada y oyó a tío Conejo ronca y ronca allá dentro.

Entonces paró el rabo y dijo a correr y correr, hasta que llegó donde Tío Tigre con el campanazo de que ya había dado con tío Conejo.

Tío Tigre le dijo: — Bueno, tía Zorra, cuidado me va a chamarrear, porque entonces usté también sale rascando.

–¡Adió, tío Tigre, cómo va a ser eso! Póngaseme atrás y se convencerá. Eso sí queditico,porque si no se pasea en todo.

De veras, el otro se le puso atrás y llegaron. Tía Zorra se volvió una pura monada, para señalarle donde estaba Tío Conejo.

La entrada era muy angosta y tío Tigre lo que hizo fue meter la mano, que era lo que cabía, y echó traca; pero quiso Dios que agarró a Tío Conejo por la pancilla.

Tío Conejo que estaba bien privado se recordó con sobresalto.

¡ Y cuál no sería el susto que se llevó al verse agarrado por la mano, que era de Tío Tigre, porque por un rayito de luz que entrabapudo mirar bien y no le quedó la menor duda de eso!

Pero no quiso dar su brazo a torcer, y hablando lo más hueco que pudo, metió esta gran rajonada: –¿Quién me toca la muñeca?

La voz entre la cueva sonaba muy feo y parecía salir de una boca muy grande.

Tío Tigre, que no había soltado, se frunció toditico.

–¡Ni por la perica! ¿Quién sería el que hablaba así y tenía una muñeca tan galana? ¿De qué tamaño sería entonces la mano? ¿Y el brazo? ¿Y la persona que hablaba?

Porque él se la comparó y creyó que la panza era la muñeca. Y se le puso que era un gigante y que tía Zorra le estaba haciendo cachete a este gigante para salir de él.

Entonces pensó que quién lo mandaba hacerle caso a esa gran lambuza, sinverguenza, y sin aguardar más razones, dijo por aquí es camino, y tía Zorra quedó cuál sus patas.

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