
Lewis Carroll, los libros de Alicia y la Matrix
No es coincidencia que las creadoras del film Matrix hagan en él referencias explícitas a las obras de Lewis Carroll. Estas no son pocas, como tampoco las muchas situaciones coincidentes que encontramos entre ambas creaciones.
Siguiendo al Conejo Blanco
La primera de estas referencias la hallamos cuando Trinity (Carrie-Anne Moss) deja un mensaje en la computadora de Neo (Keanu Reeves). En él le indica que para encontrar lo que busca, aquello que perturba sus sueños, debe seguir al «conejo blanco».
De forma similar comienza Alicia en el país de las maravillas. Ella es sorprendida por un conejo blanco que, consultando su reloj, exclama que llegará tarde a algún sitio; es entonces cuando decide seguirlo hasta su madriguera. Más adelante, otra referencia directa aparece cuando Morpheus (Laurence Fishburne) le dice a Neo:
«Te debes sentir como Alicia cayendo por el hoyo del conejo».
O la mítica escena en la que Morpheus le propone conocer la verdadera Matrix:
«Si tomas la píldora azul la historia acaba y despiertas en tu cama y crees lo que tú quieras creer. Si tomas la píldora roja te quedas en el País de las Maravillas y te enseño qué tan profundo es el hoyo del conejo».
Mesas espiritistas, espejos y precognición
Esta última escena de las píldoras se desarrolla alrededor de una sugestiva mesa de tres patas, sobre la cual se encuentra la puerta a una nueva realidad para Neo. En Alicia en el país de las maravillas encontramos exactamente la misma mesa de tres patas, donde Alicia halla la pequeña llave de oro que es clave para ingresar al nuevo mundo. Ambas mesas evocan con fuerza a las usadas por los espiritistas y médiums de la época victoriana, empleadas en las sesiones como medios de acceso a «otros mundos».
Otros puntos de contacto fascinantes entre las dos obras son la precognición y la adivinación:
En Matrix: La escena en que la Pitonisa le dice a Neo que no se preocupe por el jarrón que todavía no ha roto.
En Carroll: Nos recuerda inmediatamente el «vivir al revés» de la Reina Blanca, quien pega el alarido de dolor antes de pincharse el dedo con el alfiler.
Pero una escena clave es aquella en la que Neo comienza la salida de su realidad a través de un espejo: estira su mano y, al tocarlo, el reflejo se vuelve líquido, marcando el inicio del viaje hacia una nueva dimensión. Carroll utiliza el espejo con el mismo fin en A través del espejo, una situación excelentemente representada por sir John Tenniel, donde vemos a Alicia extendiendo su mano a través del cristal para cruzar la frontera.
El peligro del ser soñado
Básicamente, los argumentos de estas obras están basados en el mundo de los sueños, con todos los peligros y beneficios que esto conlleva. Para la humanidad atrapada en la Matrix, la realidad es inducida por máquinas; el sueño es una prisión con reglas inviolables de la cual nunca se despierta. Morpheus (cuyo nombre evoca al dios del sueño en la mitología griega y romana) le pregunta a Neo:
«¿Alguna vez tuviste un sueño que parece ser tan real que cuando despiertas no sabes si aún estás soñando?».
Este concepto del sueño planteado en la película tiene su correlación exacta en la obra de Carroll cuando Alicia encuentra al Rey Rojo dormido. Tweedledee le advierte que no lo despierte, pues ella solo existe porque está siendo soñada por el Rey, y si él despierta, ella simplemente desaparecerá. Sin embargo, al final es Alicia la que sueña al Rey Rojo. La relación entre el ser soñado y el que sueña es tan estrecha que dependen mutuamente el uno del otro; acaso la misma situación del film, donde una misma personalidad vive dos realidades diferentes.
La lógica de la adaptación y las reglas del juego
El mundo de los sueños también implica otros peligros. Alicia vive situaciones que serían traumáticas para cualquier ser racional, pero las acepta casi por ser «la elegida». Todo lo recibe sin sorpresa: dialoga con animales, cambia de tamaño y experimenta fastidio —mas no espanto— cuando los insólitos personajes la obligan a cambiar vertiginosamente de escenario. Esta asombrosa capacidad de adaptación a nuevas reglas es, quizás, la fuerza que la hace sobrevivir.
¿Será este el mensaje que quiso transmitir Lewis Carroll? Llevar los límites de la lógica a extremos casi insostenibles, pero teniendo siempre el cuidado de respetar la estructura. Carroll se cuida mucho de no caer en el sinsentido por el sinsentido mismo; no se pueden romper total y arbitrariamente las reglas, debe haber una estructura lógica mínima para que el espectador pueda seguir la aventura.
Ahí es donde entra el Agente Smith (Hugo Weaving), quien representa el mundo de las reglas inflexibles al que él mismo está sometido. Este sistema solo puede ser vencido por el «elegido», que no es aquel que desconoce el sistema, sino el que logra entenderlo desde adentro para reinterpretar sus pautas a voluntad.
La clave de todo esto nos la da el niño de los potenciales elásticos en el apartamento de la Pitonisa:
«No intentes doblar la cuchara, eso es imposible. Simplemente debes darte cuenta de que la cuchara no existe; recién entonces podrás doblarla».
Reinterpretar nuestra propia Matrix
No se trata de negar las reglas, sino de entender la verdadera esencia de las cosas y utilizar ese conocimiento a nuestro favor. La abulia de lo cotidiano no debe engañarnos; las situaciones habituales de nuestra vida son experiencias relativas que pueden transformarse si sabemos cómo «reinterpretar» las reglas de nuestra realidad, esas que el acostumbramiento nos obliga a reverenciar.
Si lo intentamos, un nuevo punto de vista puede nacer en nuestra mente. De lo contrario, podríamos encontrarnos con una amarga sorpresa: descubrir la terrible verdad de que todo este tiempo fuimos prisioneros de la rutina y el preconcepto —las reglas fundamentales de nuestra propia «Matrix»—, asfixiando a la verdadera víctima de esta triste realidad: nuestra imaginación.
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