¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?
El acertijo eterno del Sombrerero Loco
Si hay una escena que resume a la perfección el espíritu del nonsense (el maravilloso sinsentido) en la literatura anglosajona, es la merienda de locos en Las Aventuras de Alicia en el país de las maravillas. En medio de ese caos de té, relojes parados y conversaciones circulares, el Sombrerero Loco mira fijamente a Alicia y le lanza una pregunta que, sin saberlo, atormentaría a los lectores durante más de un siglo: “¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?” (Why is a raven like a writing-desk?).
Alicia, haciendo gala de su sensatez, se quema las pestañas intentando encontrar una conexión lógica, para terminar rindiéndose. Cuando le pide al Sombrerero la solución, este responde con total desparpajo: “No tengo la menor idea”.
Y es que, en su concepción original de 1865, Lewis Carroll diseñó el acertijo con una única y retorcida intención: que no tuviera absolutamente ninguna respuesta. Era la cumbre del absurdo, una burla directa a las estrictas moralejas, la rigidez académica y las adivinanzas con moraleja que inundaban la época victoriana. Para un matemático y lógico de Oxford como Carroll, crear un problema perfecto que careciera por completo de solución era la máxima travesura intelectual.
La presión del público y la respuesta de Carroll
Sin embargo, Carroll subestimó la obsesión humana por resolver misterios. La sociedad victoriana, profundamente analítica, no podía aceptar el vacío de una pregunta sin respuesta. Durante más de treinta años, el autor recibió miles de cartas de lectores, científicos y filósofos que le proponían intrincadas soluciones matemáticas o que, sencillamente, le suplicaban la respuesta correcta.
Tanta fue la presión que en 1896, para la edición definitiva del libro, el propio Carroll se vio obligado a romper el silencio. En el prefacio de esa edición, haciendo uso de su brillantez, inventó una respuesta basada en un juego de palabras en inglés que lamentablemente la historia terminó estropeando: “Because it can produce a few notes, tho they are very flat; and it is nevar put with the wrong end foremost!”
Para entender la genialidad de su salida, hay que desmenuzarla en inglés. Por un lado, la palabra “notes” funciona tanto para las notas musicales (los graznidos del cuervo) como para los apuntes en papel (los que se escriben sobre el escritorio). Pero el verdadero truco de magia mental estaba en la palabra “nevar”.
Carroll escribió “never” (nunca) deletreado a propósito como “nevar”, porque al leerse al revés forma exactamente la palabra “raven” (cuervo). Una delicia de la lógica y el lenguaje. Lo triste de la anécdota es que los tipógrafos de la imprenta pensaron que era una simple errata, corrigieron el texto al inglés estándar (never) y arruinaron el magistral chiste de Carroll durante décadas antes de que se descubriera el error en sus manuscritos.
Otras mentes entran al juego
A pesar de la respuesta oficial del autor, la veda quedó abierta y grandes mentes han querido dar su propio veredicto a lo largo de los años. El acertijo dejó de pertenecerle a Carroll y pasó a convertirse en un reto de ingenio popular.
A continuación se resumen algunas de las respuestas más célebres y aplaudidas que se han propuesto para resolver el enigma del Sombrerero:
| Autor / Origen | Propuesta de Solución |
|---|---|
| Sam Loyd (Famoso acertijero) | “En que Edgar Allan Poe escribió sobre ambos” (aludiendo a su célebre poema El Cuervo y al mueble donde lo redactó). |
| Tradición Popular | “Ambos tienen plumas” (haciendo un juego entre las plumas del ave y las antiguas plumas de ave que se usaban para escribir). |
| Aldous Huxley | “Porque hay una ‘b’ en ambos y una ‘n’ en ninguno” (un juego metafísico absurdo ideal para el universo de Alicia). |
| Cafés Literarios | “Porque ninguno de los dos destaca por estar bien alineado” o porque ambos pueden albergar notas sumamente oscuras. |
Un enigma que saltó a la cultura pop moderna
La fascinación por esta pregunta no se estancó en el siglo XIX. Con el nacimiento del cómic y la literatura contemporánea, el acertijo cobró una nueva vida. Quizás el ejemplo más famoso se encuentra en el universo de Batman, donde el villano «El Acertijo» (Edward Nygma) utiliza constantemente esta misma frase de Carroll para desafiar al caballero de la noche, asociando la locura del Sombrerero con sus propios delirios mentales.
Asimismo, grandes maestros del suspenso moderno como Stephen King han dejado caer la icónica pregunta en obras como The Dark Tower, utilizándola como un mantra que representa el quiebre de la realidad y la lógica en situaciones límite. Incluso el mundo de la música pop y el cine han referenciado la línea para denotar que una situación carece de sentido común.
Sea como sea, el enigma del Sombrerero Loco sigue vivo porque nos recuerda la esencia misma del viaje de Alicia: que en un mundo obsesionado con las reglas estrictas, el control y las respuestas correctas, a veces es necesario sentarse a tomar el té y disfrutar, aunque sea por un momento, del encanto absoluto de lo que no tiene explicación.
Como decía el Monje Loco: “Nadie sabe, nadie supo…”, y quizás, ahí es donde radica la verdadera magia.
Preparado por CRM



