Salvador Dalí
(1904-1989)
Dalí tuvo la capacidad única de acrisolar un estilo genuinamente personal, reconocible al primer contacto; un lenguaje visual que en realidad era sumamente ecléctico y que «succionó» con astucia las innovaciones ajenas para transformarlas en algo propio. Una de sus obras más célebres y universales es La persistencia de la memoria, el famoso cuadro de los «relojes blandos» realizado en 1931.
Místico y profundamente narcisista, Dalí fue quizás uno de los mayores genios del siglo XX, alguien que convirtió la irresponsabilidad provocativa no en una ética, sino en una estética donde lo bello ya no se concibe sin que contenga el inquietante fulgor de lo siniestro. Exhibió siempre de forma voluntaria todas las circunstancias íntimas de su vida y de su pensamiento.
Dentro de su vasta producción, destaca de manera fascinante su incursión en la literatura infantil y juvenil a través de sus ilustraciones para Alicia en el país de las maravillas publicadas en 1969. En esta obra maestra editorial, el pincel daliniano se fusionó a la perfección con el universo de Lewis Carroll. Dalí recreó el viaje de Alicia a través de trece grabados rebosantes de sus característicos paisajes infinitos, mariposas flotantes y figuras distorsionadas, demostrando que nadie como el surrealismo podía capturar la lógica del sinsentido y los sueños.
Una de sus obras más célebres es La persistencia de la memoria, el famoso cuadro de los «relojes blandos», realizado en 1931.



