XVI - COMO TIO CONEJO LES JUGO SUCIO A TIA BALLENA Y A TIO ELEFANTE


Cuentos de mi Tía Panchita

Pues señor, allá una vez tío Conejo se fue a cambiar de clima a la orilla del mar.

Un día que andaba dando brincos por la playa se va encontrando con tía Ballena y tío Elefante que estaban en gran conversona.

Tío Conejo se escondió entre unos charrales y paró la oreja para ver en qué estaban.

Y en lo que estaban era en que el uno al otro no hallaban donde ponerse:

Que, –tía Ballena, a usté sí que no hay quien le gane en fuerzas y eso de que ya se tomara usté tener las mías, es hablar por el hueso de la nuca.

Que, –adió tío Elefante, no me salga con eso. Usté sí que es ñeque. Sí, sí, donde se llora está el muerto…

Y que esto, y que el otro, y que por aquí y que por allá.

Bueno, para no cansarlos con el cuento, llegaron a convenir en que los dos tenían fuerzas y que lo mejor que podían hacer era unirse para gobernar toda la tierra.

Pero a tío Conejo no le hicieron naditica de gracia aquellos planes y se puso a pensar: pues lo que soy yo les voy a dar una buena chamarreadan a ese par de monumentos, ¡Ay! ¡y la enredada de pita que les voy a dar!

Y no fue cuento sino que enseguida se puso en funcia: se fue a buscar una coyunda muy fuerte, muy fuerte y muy larga, muy larga; después yo no sé de dónde se hizo de un tambor que escondió entre unos matorrales y corrió a buscar a Tía Ballena. Por fin dió con ella.

–Tía Ballenita de Dios. ¡Qué a tiempo me la encuentro! ¡Viera qué caballada me ha pasado! ¿Pues no se me metió la única vaquita que tengo entre un barril como a media legua de aquí?

–No diga eso niñó, ¿y eso cómo?

–¡Sepa Judas! El caso es que allí me la tienen en ese atolladero y como es tan poquita, está llora y llora, con el barro hasta el pescuezo. Por vida suyita Tía Ballena, sáqueme de este apuro, usté que es el más fuerte de todos los animales y además tan noble.

Tía Ballena se volvió muy chiquiona al oir estos pericos y al momento se puso a las órdenes de Tío Conejo.

¡No faltaba más, sino que se le fuera a ahogar en barro su vaquita, estando ella allí!

–¡Quién otra lo podía hacer! –dijo Tío Conejo–. Bien me lo habían dicho, que no la vieran tan grande que hasta que da miedo, pero con un corazón que es un alfeñique! Lo que vamos a hacer es que yo voy a amarrarle una punta de esta coyunda de la cola y la otra voy a ver cómo se la amarro a mi vaquita. Cuando todo esté listo toco en mi tambor. Al oir el redoble, se me pone usté a jalar con toda alma.

–Ni diga más Tío Conejo, no me llamo Tía Ballena si no se la saco aunque es´te hundida hasta los cachos.

De veras, Tío Conejo amarró la coyunda de la cola de Tía Ballena y después el muy papelero, cogió tierra adentro haciéndose el afanado. Apenas calculó que la otra no lo veía se puso a baiñar en una pata y a cantar.

Después se fue a buscar a Tío Elefante y cuando lo divisió se hizo el ancontradizo: –¡Ay Tío Elefante, sólo Dios pudo habérmelo reparado! ¡vieras en las que ando!

–¿Qué es la cosa hombré? –preguntó Tío Elefante.

–¿Pues qué me había de pasar? Que le parece que tengo una novillita chúcar que se me ha metido entre un barril a media legua de aquí y no hay modo de sacarla. Allí estoy desde buena mañana sudando la gota gorda y la confisgada cada vez se hunde más. Mire Tío Elefante, usté que es tan fuerte y tan noble, que dicen que nadie le gana, por qué no hace una gracia conmigo y de un tironcillo con su trompa, como quien no quiere la cosa, me la saca.

Tío Elefante le dijo que bueno, que le explicara lo que tenía que hacer.

Tío Conejo contestó: –Pues nada más que dejarse amarrar el extremo de esta coyunda de su trompa. Enseguida iré yo y con mil y tantos trabajos amarraré mi novillita de la otra punta. Cuando todo esté listo redoblaré en mi tambor y entonces usté se pone a jalar con toda alma porque está muy metida.

–No tengás ciudado y aunque fuera más pesada que mil vacas juntas yo la saco. Si eso es un juguete para mí. Amarrá bien, hombré.

Tío Conejo le requintó bien la coyunda en la trompa y luego se alejó en una pura micada como si fuera muy agradecido.

Así que estuvo a la mitad de la distancia entre los dos, sacó el tambor y se puso a redoblar.

Tía Ballena comenzó a tirar,pero la vaquita no tenñia trazas de salir. Tío Elefante jalaba y jalaba y nada.

–¡Demontres con la vaquita para pesar!

–¡Carasta! Si la novillita chúcara pesa más de lo que yo pensaba.

Y siguieron cada uno por su lado a más y mejor.

En una de tantas, como Tío Elefante se iba arrollando al coyunda en la trompa, se trajo a Tía Ballena a tierra; pero Tía Ballena se calentó tanto, que no supo a qué horas se tiró al agua y fue a dar al fondo y ya me tienen al otro patas arriba corriendo hacia la playa sobre el espinazo.

Del colorón dió tal jalonazo que se volvió a traer a Tía Ballena a la superficie.

–¿Quién es el atrevido que está en ese juguete conmigo? ¡Conque esa era la vaquita?

–¿Quién es el tal por cual que no me respeta? ¡Miren la novillita chúcara! — gritó Tío Elefante que había hecho a un lado su cachaza y estaba más caliente que un avispero alborotado.

¡En esto se van viendo!

¡Ave María, Gracia Plena! ¡Aquello sí que era contento! ¡Qué bocas y lo que se dijeron!

–¡Yo te contaré, trompudo, labioso, poca pena! ¿No te da verguenza ver que te cogí la maturranga? ¡Creyó que yo me iba a dejar, como soy una triste mujer, para quedarse gobernando solo!

–¡Callate vieja bocona. A vos que no se te puede creer! ¡Quería salir de mí para quedarse reinando … ! ¡Convidándome para que gobernáramos juntos y ya con su tortón entre la jupa!

Y no fue cuento, sino que se pusieron otra vez a tirar de la coyunda cada uno por su lado. Por fin la coyunda no resistió y ¡Trac! reventó y Tía Ballena bien acardenalada y con la cola desollada fue a parar a los profundos y Tío Elefante fue a dar por allá, otra vez patas arriba, con la trompa bien luyida. Y Tío Conejo que ya no aguantaba el estómago de tanto reir, escondido entre los charrales.

No hay para qué decir que Tío Elefante y Tía Ballena quedaron enemigos y se quitaron el habla para siempre. Y cabalmente eso era lo que Tío Conejo andaba buscando, para que no volvieran a hacer planes de gobernar ellos dos la tierra.

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